9 mar 2015

CAPÍTULO IV



IM ALL ALONE AND I NEED YOU NOW


[Rosalie Dreamer]

  Por desgracia, me ha tocado el último turno para ducharme y cuando salgo del baño todas están casi vestidas y maquilladas. Después de salirnos de la piscina, estuvimos jugando a las cartas con las tres bailarinas hasta que Simon nos dijo que habían montado una pequeña feria en el pueblo. Para que no hubiera peleas por la ducha, nos organizamos por turnos y aquí estamos.
  –¿Se puede? –pregunta Harry en la linde de las escaleras de nuestra planta.
  –¿Alguna sigue paseándose desnuda? –pregunta Mia, en broma –. Bueno, podéis pasar.
  –¡Audrey, cierra la puerta! –chillo al ver a Harry y a Liam pasando delante de nuestra habitación, ¡y yo en toalla!
  Harry pasa de largo pero Liam grita, se pone rojo y se tapa los ojos, disculpándose. Todo eso mientras Audrey ríe y cierra la puerta.
  –Estás desatada desde que no eres virgen, Rosie –se carcajea Audrey, sentándose en su cama para ponerse mejor los tacones.
  Saco la ropa que voy a ponerme y, tras pensarlo un poco, decido no ponerme tacones. Me da pereza pensar en el dolor de pies que conllevaría. Me visto y me seco el pelo con la toalla.
  –¡Nosotros nos vamos ya! –exclama Niall en el pasillo.
  –Jo, ¿nadie me va a esperar? –me quejo –. ¿Me prestas tu secador, Aud?
  –Claro –asiente –. ¿Te importa que vaya con ellos?
  –No, tranquila, luego os alcanzo –respondo, un poco gruñona.
  Enchufo el secador y me pongo a secarme el pelo a toda prisa. ¡Para qué necesito enemigos con estos amigos! Cuando está prácticamente seco, me lo recojo en la coronilla, dándole un poco de forma de nido. Me maquillo lo mínimo, me pongo unas sandalias cómodas y abro la puerta. Suelto una exclamación cuando freno para no chocarme con Liam.
  –¡Eh! –suelto.
  –¡Perdón! –grita él a su vez.
  Respiro hondo para tranquilizarme.
  –¿Qué pasa? –pregunto.
  –Es que todos se han ido y Louis me ha pedido que te espere para que no vayas sola –explica, un poco azorado.
  Claro, Louis no puede venir con su pie del tamaño de Júpiter.
  –Vaya… pues gracias –sonrío.
  Me meto el móvil en el bolsillo, ya que es lo único que podría llevar ahora mismo. No tengo euros para comprar nada. Voy a la habitación de Louis a despedirme… pero el muy perro se ha quedado dormido. ¡Ya se está españolizando!
  –Oye, Rose –dice Liam, pensativo, mientras salimos de la mansión de Simon –. ¿Cuántos años tienes?
  –Quince –respondo, mirándole algo extrañada –. ¿Qué pasa?
  –No los aparentas –dice, encogiéndose de hombros.
  –¿Eso es bueno o malo? –pregunto, burlona.
  Él sonríe, por primera vez desde que lo conozco, creo. Es muy gracioso cómo se le achinan los ojos al sonreír.
  –Es bueno, tranquila –me calma, en broma –. No sé, como eres tan… así, y estás con Louis…
  –¿Qué significa “tan así”?
  –No sé explicarlo –responde; estamos llegando a la placita donde está la feria –. Pareces tremendamente feliz cuando estás hablando con alguien pero luego pareces…
  –¿Qué? –digo, en un tono más bajo –. ¿Triste?
  Liam baja la mirada para encontrarse con mis ojos.

[Liam Payne]

  Si me hubieran preguntando cuando conocí a esta chica, habría dicho que tenía cinco años y un gran complejo de superioridad. ¡Gran error! Solo hay que verla actuar durante un día entero para darse cuenta de que hay algo que no encaja.
  Cuando dice eso último, la miro, sorprendido. Ella se lo esperaba, desde luego, porque su mirada conecta con la mía. Ya no sonríe como antes. Le he tocado la fibra sensible. Su sonrisa se vuelve más cansada y forzada.
  –Perdón, no es asunto mío –me disculpo.
  Es mejor saber cuándo parar.
  –Liam, ya me has pedido perdón tres veces hoy –se burla, liberándome de sus ojos color café –. Estás hecho un chico malo.
  Llegamos a la feria, que está compuesta por un montón de puestos con comida, bisutería y juegos con peluches de premio. Un poco más allá se ve una noria, una pequeña montaña rusa y más máquinas.
  –¡Esto es enorme! –exclama como una niña pequeña –. ¿Cómo vamos a encontrar al resto?
  –Seguro que ya se han dividido –respondo, ignorando su repentino cambio de humor para no incomodarla.
  –Oye, ¿llevas dinero español? –me pregunta, mirando un puesto de tirar botellas.
  –Algo –asiento, buscándome en los bolsillos las monedas que me ha dado antes Simon –. ¿Qué quieres? ¿Un peluche?
  –¡Sííí! ¿Me lo consigues?
  La miro de nuevo. Sonríe mordiéndose el labio inferior, con la cabeza algo ladeada y los ojos achinados. Lo que yo decía: cinco años.
  –Bueno, pero si luego Louis me quiere pegar por hacer sus funciones de novio te echaré la culpa –bromeo.
  –¡Que va! ¡Lou no es celoso! ¡Vamos!
  Menos mal que en el puesto hay un cartel que pone el precio para tirar, porque yo de español… más bien poco. Le doy el dinero y él me da un par de pelotas. Tiro la primera y fallo, quedándome corto. Rose se queja. En mi último intento, consigo tirar la torrecita de botellas.
  –¡Sí! –exclamo, levantando los brazos.
  Rose me aplaude, riendo. El tipo de la caseta me da un osito de peluche y yo se lo doy a Rose.
  –¡Si casi es más grande que tú! –río.
  Ella me saca la lengua y me da un golpe con el oso. Al pasar al lado de la noria, nos encontramos a Sharon y a Audrey.
  –¡Aud, Shar, menudas amigas! –exclama Rose, fingiendo indignarse –. ¡He tenido que chantajear a Liam para que se viniera conmigo!
  –¿En serio? –se sorprende Sharon.
  –No, hombre –desmiento, riendo.
  –¿Qué hacíais? –pregunta la rubia.
  –Esperamos nuestro turno –responde Audrey, señalando la atracción en la que querían montarse.
  –¿Cómo se llama? –pregunto –. ¡Yo también quiero!
  –“El látigo” –responde Sharon –. Cómprate el billete y te subes con nosotras.
  –¿Te apuntas, Rosie? –le pregunta Audrey a Rose.
  –Claro, ¿te importa comprarme la entrada a mí también, Liam? –me dice poniéndome ojitos.
  Si Louis no me hubiera pedido expresamente que la acompañara, hace rato que la habría dejado con Audrey y con Sharon para ir a buscar a los chicos. Pero también hay algo que me empuja a quedarme cerca de Rose, como si fuera su hermano mayor. No sé lo que se siente al tener un hermano pequeño, por tener dos hermanas mayores, pero supongo que eso es este sentimiento.
  –Vale –digo, poniendo los ojos en blanco y riendo.

[Amelie Styles]

  –Oye, ¿vamos a estar toda la noche dando vueltas? Porque quiero montarme en la montaña rusa –se queja Harry por quinta vez.
  –¿Y dices que este es un ligón? –me pregunta Emmy, señalando a Harry con un pulgar –. Porque es más quejica que una tía con la regla.
 Me echo a reír por su comparación y le doy la razón asintiendo.
  –Zayn, tío, nos están despreciando –dice Harry teatralmente, pasándole a Zayn un brazo por los hombros.
  –No, te están despreciando a ti –se ríe mi mejor amigo –. Pero por solidaridad masculina tengo que estar con Hazza.
  –Hombres –digo, poniendo los ojos en blanco –. Siempre haciéndose los gallitos en grupo y luego se les va la fuerza por la boca.
  –Mia, ¿cuál es tu color favorito? –me pregunta Emmy, cuando paramos cerca de un puesto de pulseras.
  –El rojo, ¿por?
  –¿Cuánto por esta? –le dice Emmy al del puesto, gesticulando mucho. Sabe tanto español como yo, por lo que veo.
  –Dos euros –responde el tipo en inglés; debe de estar acostumbrado a los turistas por aquí, en Marbella.
  –¿Me la vas a regalar? –deduzco, sorprendida.
  –Claro, ahora somos compañeras –sonríe haciendo que en sus mejillas aparezcan unos hoyuelos, es tan difícil verla tan sonriente que hasta ahora no me he dado cuenta de ese rasgo suyo.
  Le paga la pulsera y me hace un gesto para que alargue el brazo. Es de cuero rojo y tiene una chapita metálica en la que pone “Friends 4ever”. Yo también sonrío y la cojo desprevenida al darle un abrazo.
  –Más que compañeras, Emmy, ya somos las mejores amigas, las seis –digo y me alegro aún más cuando ella me devuelve el abrazo –. ¿Cuál es tu color favorito? ¡Tenemos que ir a juego!
  –Rosa –dice, sin borrar su preciosa sonrisa, ¡a esta chica hay que currársela!
  –¿En serio? –bufa Zayn, que ha observado nuestra escenita en silencio con Harry.
  –Zayn –le aviso y le lanzo una mirada de advertencia.
  –¿Qué?
  Él y su fama de malote. Cuando lo conoces sabes que tiene de malote lo que un conejito, pero sin conocerlo, y sobre todo cuando él no te conoce, se comporta como un auténtico capullo vanidoso.
  –Déjalo, Mia –me dice Emily, de nuevo seria, ¡con lo que me había costado sacarle la sonrisa! –. No me molesta lo que pueda pensar de mí.
  –No, pero me molesta a mí –replico y me cruzo de brazos –, porque estoy segura de que eres una tía de la leche y él está juzgándote sin conocerte. ¿Qué pasa, Zayn? ¿Lo haces porque te lo hacían a ti o qué?
  Me he pasado un poco con esa pregunta. Lo veo en cuanto a Zayn se le borra la sonrisilla de suficiencia de la cara.
  –Mia –dicen Emmy y Harry a la vez.
 
[Harry Styles]

  Esta es la parte de la personalidad de Mia que no me gusta. Porque sabe cosas de todo el mundo y sabe cómo usarlas en su contra. Pero no me esperaba que se pusiera contra su mejor amigo para proteger a una chica que acaba de conocer.
  –¿Sabéis qué? –dice Zayn, con el mismo tono borde de Mia –. Se me han quitado las ganas de fiesta.
  Zayn se mete las manos en los bolsillos y se va en dirección contraria, a la casa de Simon.
  –Mia –repite Emily, sacudiendo la cabeza –. Es tu mejor amigo, no tenías que ponerte contra él por mí.
  –Ya pero…
  –No, nada de peros –la interrumpe ella –. Sé que debo de dar bastante pena pero no creas que no sé defenderme, solo hay que saber cuándo hacerlo.
  Mia suspira y se pasa la mano por los tirabuzones de la coronilla.
  –Lo siento, no quería que pensaras eso –dice –. Luego le pediré perdón.
  –Yo también me voy, a ver si consigo saber por qué es así conmigo –medio sonríe.
  –Eh, espera –Mia vuelve al puesto de las pulseras y compra una rosa clavadita a la que Emmy le acaba de regalar –. Toma, anda, que esto ha sido el motivo de la discusión.
  Emily también se despide con un gesto de mano y coge por el camino de vuelta. Ahora que estamos solos, cojo la mano de Mia y ella suspira de nuevo.
  –¿He sido un ogro? –me pregunta, claramente arrepentida.
  –Un poco, pero todavía no te has vuelto verde –bromeo y ella me lanza una miradita sarcástica –. ¿Y a mí no me vas a comprar nada?
  –Tú no eres parte de las DreamLand’s –me devuelve la broma sacándome la lengua.
  Seguimos dando vueltas por la feria. Veo que Mia mira especialmente las casetas con anillos y pulseras. Justo en la mano que tengo en la mía lleva dos anillos.
  –¿Te gusta algo? –le pregunto cuando se queda mirando uno de los puestos.
  –Bueno…
  –Supongo que es un anillo, ¿por qué te gustan tanto? –le pregunto, levantando su mano para observarla mejor.
  –No sé, la verdad –se encoge de hombros –. Bueno, hace tiempo vi una peli en la que salía Jennifer Lopez dándole una paliza a su marido y llevaba anillos para pegarle bien –ríe.
  –Vamos, que quieres ir dando capones como las viejas –me burlo y esquivo su mano antes de que me dé.
  De broma o no, un golpe con anillos duele más que uno normal.
  –Pues te voy a regalar uno para que puedas darle una paliza a cualquier sobón –asiento –. Y sobre todo ahora que vas a ser famosa.
  –Todavía no estamos dentro –me recuerda.
  –Lo sé, pero lo estarás.
  La arrastro al puesto que ella estaba mirando antes y tenemos una breve discusión por ver cuál sería el más “mortífero”. Al final gana el anillo que yo quiero. Es un poco más grueso que los que lleva y tiene grabada una enredadera con pequeñas flores. Cuando se lo pone se le mueve un poco.
  –Uy –digo, medio riendo.
  –Bah, esto tiene fácil solución –me guiña un ojo.
  Se pone el anillo en el dedo corazón (porque, aunque en el pulgar le quedaría bien, ella dice que no le gusta un anillo en ese dedo) y delante pone uno de los anillos que le queda bien. Así no se le caerá el mío. Chica lista.
  –Eres única –digo, acariciándole la mejilla.
  Sonríe abiertamente y aprieta el rostro contra mi mano.

[Emily Drew]

  Cuando llego a la mansión de Simon, está empezando a atardecer. Me olvido un momento de Zayn y de la discusión que prácticamente he provocado. Seguro que se ve preciosa la playa con los colores del sol en este momento. Entro y subo las escaleras al trote. Todo el mundo debe de estar en la feria. Me meto en la habitación que comparto con Sissi, que tiene un pequeño balcón que da a la playa.
  Suspiro. En Inglaterra no se ven estos paisajes.
  –Eh –oigo a mi espalda.
  Ahí está. Supongo que he subido los escalones como una estampida de elefantes ya que él me ha oído desde su planta de la casa.
  –¿Eh qué? –digo, hablándole un poco con su tono.
  Resopla y se pasa la mano por la nuca, evitando mirarme. Me pongo un mechón tras la oreja y vuelvo a mirar la puesta de sol.
  –Lo siento –dice Zayn –. Mia tiene razón, te he juzgado y no es justo.
  Vuelvo la cabeza lentamente hacia él. Jo, me perderé el atardecer por su culpa. Parece arrepentido de verdad, aunque seguramente tiene mucho que ver con lo que Mia le ha soltado antes. Le hago un gesto para que se acerque.
  –Supongo que mi aspecto te sugiere que soy una niña mimada con tres ponis –digo, luchando con las ganas de mirarle a los ojos ahora que está a mi lado.
  Zayn suelta un bufido parecido a una risa.
  –No, tres ponis no –replica y yo sonrío –. Vale, entonces explícame por qué es tu color favorito el rosa.
  Le miro, alzando las cejas. ¿En serio quiere saberlo? ¿Y a él que le importa, ahora que ha pedido disculpas? Me vuelvo a poner el pelo tras la oreja y miro hacia la playa.
  –Vale, mira eso y espera –le digo, señalando al sol.

[Zayn Malik]

  Se pasa el pelo tras la oreja, como me he dado cuenta que hace cuando está nerviosa. Cuando su melena se remueve me llega un leve olor floral. Me mira de reojo con sus ojos claros y vuelve la cabeza hacia la playa.
  –Vale, mira eso y espera –me indica, señalando el atardecer.
  Me apoyo en la barandilla del balcón, en silencio, y espero. El sol baja muy lentamente sobre el mar, haciendo que el cielo se vuelva rojo y después naranja. Cuando por fin desaparece, el cielo se vuelve violeta y las nubes rosas.
  –¿Ves? –dice, señalándolas –. Por eso es mi color favorito.
  Suelto el aire que inconscientemente he estado conteniendo y vuelvo a mirarla. Sonríe levemente mirando al cielo, haciendo que parezca tener su verdadera edad y no diez años más. Los hoyuelos de sus mejillas son adorables. Incluso sus ojos celestes parecen tener un brillo especial. Al ver que no digo nada, gira la cabeza para mirarme. Encoge los hombros sin dejar de sonreír.
  –¿Y cuál es tu color favorito? –me pregunta.
  –Azul –respondo sin pensar.
  ¿Qué he dicho? ¿Azul? ¡Si es el rojo! Me reprendo mentalmente. Pero esos ojos no parecen darse cuenta de la mentira.
  –¡Em! ¡Emmy! ¿Estás viva? –oigo gritando a Mia por el pasillo.
  –¡Vamos a cenar! –exclama Sissi.
  Entonces aparecen las dos por la puerta y nos miran.
  –Estoy viva –responde Emily, elevando una de sus comisuras –. ¿Cenamos aquí o en la feria?
  –Aquí –responde Mia, curiosamente contenta –. Sissi ha tenido una idea buenísima para después.
  –Oh, bueno, tanto como buenísima… –dice Sissi, quitándose polvo del hombro en broma.
  –Voy, voy –dice Emmy, yendo hacia ellas –. Me ha gustado hablar contigo, Zayn –añade volviendo el rostro hacia mí, que sigo como un pasmarote en el balcón.
  –Eh, ¿podemos hablar? –me pregunta Mia, viniendo hacia mí.

[Elisabeth Stone]

  –¿Qué ha pasado? –le pregunto a Emmy mientras salimos de la habitación, dejando atrás a Zayn y a Mia.
  Emmy suspira.
  –He provocado una pequeña pelea entre esos dos –contesta –, no intencionadamente, pero ha sido por mi culpa. Espero que ahora se reconcilien.
  Bajamos a la planta baja y pasamos por el salón para ver quién ha llegado ya de la feria. Rose y Louis están sentados en el sofá, ella hablando animadamente de lo que han hecho en la feria. Liam, sentado en el sillón de al lado, va añadiendo algún detalle.
  –¡Y me ha gritado en el oído! –exclama Liam, señalando a Rose con un dedo acusador –. No me ha roto el tímpano de milagro.
  –Oh, qué mentira –dice Rose, fingiendo indignarse –. ¡Yo no grito!
  –Exacto –ríe Louis, abrazándola por los hombros –. ¡Rose solo habla en voz alta!
  –Exacto –repite Rose, como si no se hubiera dado cuenta de la ironía.
  –¡Eeeeh! ¡Que tengo hambre! –grita Niall desde la cocina –. ¿Quién queda por llegar?
  –Audrey y Sharon –respondo, entrando en la cocina –. Estaban mirando pulseras cuando las avisamos de que nos íbamos.
  –¡Sissi! –grita Addie, viniendo corriendo hacia mí –. ¿Qué se te ha ocurrido? ¡Mia no ha soltado prenda!
  –¿Y si cenamos primero? –río.
  Cuando por fin llegan Audrey y Sharon, nos preparamos cada uno su cena y vamos a cenar a la piscina. Deben de ser las diez de la noche y acaba de anochecer. ¡Me encanta España! Cenamos hablando y bromeando entre nosotros, llegando a tirarnos comida por culpa de Louis. Al terminar, cada uno pone su plato en el lavavajillas y volvemos a sentarnos al borde de la piscina.
  –¡Habla! –me grita Shar, pícara –. ¿Qué se te ha ocurrido?
  –¿Qué os parece hacer un riff-off? –propongo.


Hoy toca comentario corto, que tengo sueño -_-
TACHÁÁÁÁÁÁN! Nuevo capítulo! Qué os está pareciendo? No se os olvide votar en la encuesta y comentar!! ;)
Alguna sabe lo que es un riff-off? :P Así tendréis una pista de lo que pasa en el próximo capítulo...
P.D: en la segunda semana de abril no escribiré nada porque... VIENE MI COMPAÑERA DE INTERCAMBIO!! *-* De Francia nada menos *-* Así que estaré ocupada con ella *-* Ah, y yo voy allí a finales de mayo pero intentaré dejar algo programado para que no me echéis de menos ;P
P.D2: caracolitaaaaaa, sigo esperando respuesta!!!
xxxx

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Comentario = Sonrisa
Sonrisa = No depresión
No depresión = Más capítulos
Más capítulos = Menos amenazas

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Si es que yo me pierdo siempre con las matemáticas xD